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Y tú, ¿dónde estabas el 11-M?

Publicado: 11 marzo, 2011 en Personal
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Hoy se cumple el séptimo aniversario de un atentado que todos los españoles recordamos. Trenes, explosiones, gritos y muerte. Esos son los conceptos que me vienen a la cabeza al pensar en lo que se vivió ese día en las estaciones de Atocha, El Pozo del Tío Raimundo, Santa Eugenia y en la calle Téllez.

El ser humano, morboso por naturaleza, parece querer recordar este tipo de efemérides más por la destrucción y pérdidas humanas que por las causas que llevaron a esos hechos o las consecuencias posteriores que provocaron.

Como cada año, el 11-M se recuerda a las casi 200 víctimas mortales que hubo. Pero ya pocos nos acordamos de las familias destrozadas por esas pérdidas, de los casi 2000 heridos ni de las secuelas físicas y psicológicas de los que sobrevivieron. No nos acordamos de la incertidumbre de las primeras horas, de las sospechas de que fuese una acción de ETA, de las condenas políticas a los atentados, de la explosión del piso de Leganés, de los explosivos de la Mina Conchita de Asturias, de la furgoneta de Alcalá, de las elecciónes tres días después y el giro político que dio este país…

Cuando llega este día sólo recordamos el horror que se vivió. El horror que se vivió y qué hacíamos nosotros ese día. Yo también lo recuerdo.

Habíamos llegado a Córdoba sobre las 7 de la mañana después de un largo viaje en coche desde Barcelona. Decidimos desayunar antes de dormir algo, viendo lo que se podía ver a esa hora en la tele: noticiarios. Pocos minutos después de la hora fatídica ya llegó la primera noticia. Se hablaba de accidente o explosión en Atocha. No había más datos. No se hablaba de muertos ni de heridos. Mis párpados no aguantaban más abiertos y me acosté un rato.

No sé cuánto habría pasado, ¿quizás dos horas? Me despertó mi novio “chica, lo de Madrid han sido varios trenes. Hay decenas de muertos”. En todos los canales no se hablaba de otra cosa. Imágenes de heridos sangrando, pegados al móvil para tranquilizar a sus familiares, bancos de las estaciones como improvisadas camillas, gente anónima ayudando en lo que se podía, llamamiento urgente para que se acudiera a donar sangre…

El horror.

Entonces te paras a pensar ¿tengo a alguien en Madrid? ¿Familia? ¿Amigos? ¿¿Estarán bien?? Llamé. Todos bien. Pero lo habían vivido de cerca, quizás un amigo, un compañero de trabajo, un familiar de un conocido…

Siete años después siguen abiertos muchos interrogantes sobre lo que realmente sucedió ese día. Quizás nunca se cierren. Desde aquí sólo quiero mandar un abrazo a todas aquellas personas que perdieron a alguien, a los heridos que consiguen seguir adelante (o en algunos casos, lo intentan) con sus vidas, a los que hoy día siguen con secuelas, y a todos los españoles ya que, al fin y al cabo, todos éramos objetivo de ese atentado.

Y tú, ¿dónde estabas el 11-M?